Por muchos años mi vida giró en torno al pueblo donde toda mi familia es originaria: Parras.
Este lugar a pesar de que no es grande y no tiene mucho potencial para hacer tu vida ahí debido a que no hay trabajo, lo llegue a considerar mi hogar. Tenia una casa grande y bonita, tenia amigos ahí que se preocupaban y aunque sigue estando mi familia ahí, hoy en día el lugar que llegue a considerar mi hogar, hoy es nada más que un pueblo lleno de recuerdos, buenos y malos.
No quisiera que se quedara como un recuerdo malo para siempre, pero aún así me pesan más las cosas malas que viví en él, que las cosas buenas. Todo porque desde la primera vez que fui desde que mi papá me dejo de hablar, se peleó con mi mamá y escuche por ultima vez sus gritos. Como le gritaba a mi madre que yo no tenia nada que hacer ahí y que no me quería volver a ver fue el ultimo trauma que necesitaba para hacer que esa casa y en general el pueblo fueran una nota amarga en la melodía de mi vida. Constantemente cuando pienso en Parras y en esa casa se me vienen a la mente las tardes en esa casa y lo pacificas que eran, con el sonido de las hojas al caer en otoño y los aironazos que hacían que los nogales se quedaran pelones o con el cantar de las gallinas y pájaros en verano y primavera. Es uno de los recuerdos que más me dan nostalgia porque la belleza y simplicidad que tenia de ver hacia afuera y ver a los caballos relinchar o ver a los pajaritos posarse sobre los tendederos fue lo que más disfrutaba. No sabía lo afortunado que era al tener un paisaje así con tan solo salir fuera de casa o ver a través de la puerta corrediza de la sala o de la ventana de mi cuarto o del comedor. Supongo que por estas vistas me inspiraba mucho a leer, por la calma que se respiraba y lo pacifico que era pasar una tarde leyendo mientras todo lo demás pasaba lento y con calma. Otra era la casa, esa casa que mi papá construyó con su esfuerzo y dedicación me gustaba mucho porque sabía que era una de esas casas que cuando ves te preguntas quien vivirá ahí por lo grande e imponente que se veía al fondo de la huerta, que aunque por muchos años estuvo sin pintarse por fuera, aún así era digna de observarse por fuera. Pero el lugar que fue anfitrión de numerosas reuniones y fiestas con amigos y familias, acabó por estar solo debido a mi papá. Cuando pienso en todo esto sigo sin entender como es que mi padre le pudo más lo que yo o mi mamá hiciéramos que todo lo bueno que vivimos ahí, ¿es de verdad más su ego y su orgullo de no aceptar a su familia como es, en vez de reconocer que hizo mal y se equivoco, que prefirió dejar ir por la basura todo lo bueno que teníamos? Sobre todo porque el siempre mencionaba que todo lo que hacía era para su futuro y hacia entender que era para el futuro de todos, de su familia, pero ahora parece que se refería solo para él. Dejo ir lo único bueno que tenia asegurado para siempre, su familia. Supongo que por eso, al día de hoy, Parras ya no es más un recuerdo amargo, no porque sean muchos recuerdos malos, si no por el recuerdo amargo de todo lo bueno que ahora desapareció.
No sé si mi padre llegue a cumplir su promesa de dejarme esa casa, pero si es así, será hasta el lecho de su muerte, porque no creo que en vida sea capaz de dar su brazo a torcer para que me la dé. Hemos escuchado hasta rumores de que la quiere vender pero dudo que eso pase porque mi padre no creo que sea capaz cuando fue el mismo quien la hizo y que le constó mucho dinero y esfuerzo. Sería una salida fácil y sé que con él, nada es fácil.
Parras seguirá teniendo todo lo que me gusta, el clima, los nogales y arboles abundantes, un lugar en el que nadar que es barato y accesible, tiendas y negocios locales que sirven perfectamente para ir con amigos a pasar el rato y ponerse al corriente, eventos familiares, plazas y parques, comida rica, pero nunca será el mismo si me sigo aferrando a esos recuerdos que hacen que me de una nostalgia terrible que provoca que no quiera ir, aun con mi familia allá. Sobre todo porque en la actualidad si voy de visita, no tengo en donde quedarme. Sé que esta la casa de mi abuela y ella y mis tías me recibirían con gusto pero, cuando es época de vacaciones y hay algún evento o reunión, esa casa se llena y obvio yo no soy prioridad para tener un lugar asegurado ahí, por lo que me hace sentir desplazado, como si el mismo Parras no quisiera que me quedé. Es constante pensar en eso cada vez que voy porque antes tenia a un lugar al que llegar donde era mío y me quedaba, y hoy aunque hay familia, no es más que otro pesar que hace que me ponga triste.
Espero de verdad algún día curar ese sentir respecto a Parras, porque quiera o no, es el lugar en el que crecí y en el que al final de todo, será punto de reunión para la familia.
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